Eran las doce o la una de la mañana no lo se, pues no tenía reloj y la hora en el día la buscaba mirando el sol y el cielo, y en la noche, mirando las estrellas.
Yo era estudiante de secundaria y corría el mes de mayo.
La vereda del camino era iluminada tenuemente por la luz de la luna y mis amigos y yo regresábamos de la fiesta de Tirindaro.
Los matorrales y los nopales se veían de vez en vez como una isla en el llano y a un lado del camino polvoriento.
De vez en cuando tropezábamos con una piedra intentando hacenos caer.
Estábamos ya el lo mas alto de la manga y el calor de mayo disimulaba un poco el frío nocturno.
De pronto y sin saber de donde , apareció un jinete con un gabán que le tapaba hasta el rostro y solamente se observaban unos ojos extremadamente blanco que brillaban con la luz de la luna. Una ráfaga de frío helado nos pegó en la cara e hizo silbar los matorrales. No lo entendimos pero sentimos temor desconocido y un extraño escalofrío nos recorrió.
El jinete montaba un caballo negro y vestía también de de ese color y su cabeza era cubierta con un ancho sombrero.
Se acerco y nos dijo:
Muchachos, han tenido suerte, qué bien que estén aquí ahora y no allá de donde vienen, mañana entenderán estas palabras.
No entendimos lo que quiso decir.
El se perdió entre los matorrales.
Seguimos caminando.
A lo lejos se veían ya las luces del pueblo y empezábamos a descender la manga.
Se escucharon a lo lejos unos disparos
No dimos importancia pues era común en aquel entonces en las fiestas.
Al día siguiente supimos que habían matado a tres jóvenes en esa fiesta y yo entendí lo que el jinete intentó decir.
Tal vez hubiéramos sido nosotros.

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Contaban, cuando era niño, que hubo una vez una cueva que servía para que los ladrones de ganado metieran las vacas por ahí para llevarlas hasta un paraje cercano a Bellas fuentes. Eso se decía solamente, y yo lo tomaba como algo que había sido real, pues era un niño aun relativamente pequeño e influenciable.
Lo mismo se ha dicho de Morelia sobre un túnel que iba de Santa Maria hasta el centro de la ciudad y de la existencia de uno más que va de la plaza del Carmen hacia catedral.
Igualmente se ha especulado sobre estos mismos pasadizos subterráneos en Zinapécuaro construidos por los frailes franciscanos, por lo que me ha hecho creer que en efecto, en tiempos coloniales era común construir estos como rutas de escape si era necesario usarlos y que, realmente, se usaron en ciertas circunstancia en aquella época o posteriormente.
Yo era un chiquillo inquieto y mis pies descalzos caminaron mucho durante mis primeros siete u ocho años por el encino, primero con mi abuelo materno que sembraba maíz en ese lugar y luego, ya mas grande, con mi tío Ito, cuando lo acompañaba a cuidar las vacas de mi abuelo paterno por el rumbo de la Agua Blanca, y otras más, con mi hermano mayor y con Cuco, mi primo, por el rumbo de lo del Cortijo.
Yo era, en esos años, inseparable de mi hermano y me gustaba andar con él pues lo quería mucho y era mi protector. Sus amigos eran también mis amigos, aunque tal vez, porque no les quedaba de otra o posiblemente, porque de verdad les nacía. Con ellos vivimos juntos aventuras donde a veces eramos el Santo y otras, eramos el Llanero Solitario.
En otras ocasiones esos rumbos eran nuestros, porque era un lugar de capulines y nos encantaba trepar en ellos buscando su fruto. Martín, Saluco y José Luis Solorio eran nuestros compañeros de aventuras por aquel entonces, cuando el río era grande y sus sauces eran también nuestro lugar de juego de las tardes, al igual que el pantano enfrente del risco cercano a la casa de don Evaristo Zamudio lo era por el medio día.
Como sea, esas andanzas de chiquillos, hicieron que conociéramos de esa cueva mencionada al principio y de la cual se decían tantas cosas. Tal vez no fue tan grande como se contaba y tampoco tuvo nunca los tesoros que decían que guardaba, pero sí llegamos a comprobar de su existencia.
Seguramente el paso del tiempo y las lluvias terminaron por cerrar su entrada y ya es imposible dar con ella.
Esta entrada se hallaba en lo del cortijo, un poco mas al norte de la Agua Blanca y casi entrando ya al mal país. A lo lejos de esta, se alcanzaba a ver el camino real con sus cercas dobles.
Se decía que estaba llena de murciélagos y que si se entraba a ella era tan amplia, que no se veía el fondo que iba rumbo al Cortijo. Que se podían ver a lo lejos, en su interior, grandes tinajas de barro y que, sin embargo, no se podía llegar a ellas porque los cerillos y las velas se apagaban casi de inmediato.

CORTIJO NUEVO Y SUS LEYENDAS: EL TESORO QUE SE CONVIERTIÓ EN OLLA DE EXCREMENTO.

Conocí a mi bisabuela materna cuando era un chiquillo: una anciana cuyos años marcaban en sus manos el paso de ellos y en sus canas, la sabiduría que desborda con tan solo verla o escucharla cuando hablaba. “Mi Quita”, por ese entonces, caminaba con más de 100 años y moriría unos tres después.

Le gustaba contarme historias y condicionaba narrarlas solo si iba a la tienda de don Chuche a comprarle cigarros tigre; claro que yo corría lo más posible para que las contara luego de sus rezos de las tardes.

Lugardo fue un muchacho flojo, tanto, que su madre trabajaba duro en la hacienda sin parar y sin descanso apenas cantaban los gallos. Anacleto, su padre, había muerto cuando su hijo tenía unos tres años y ese flojo, ya ni se acordaba de lo trabajador que había sido el que le dio vida. Una mañana tempranito, lo mandó el patrón a la leña al malpais y al derribar un viejo encino, le cayó encima y lo destripó; ella tuvo que irse a la casa grande a hacer el “quiacer” pa no morirse de hambre.

A veces, descansaba un poco e iba corriendo a ver al flojo de Lugardo que de tanto estar echado en la cama, ya tenía las asentaderas coloradas y sumidas, pero eso a él no le importaba y solo atinaba a decirle a su madre que no fuera mala y lo dejara seguir durmiendo.

Una tarde, cuando el sol se había ocultado hacía dos horas, Lugardo escuchó unos pasos cruzando el corredor pero no quiso siquiera voltear a ver quien lo visitaba, e indiferente al caminar pausado que parecían tambaleante, solo se tapó con la cobija vieja con olor a sucio de años de no lavarse, para no ser molestado.

Cuando llegó su madre, él ya dormía de nuevo y ella no tuvo ánimos para nada y se fue a dormir también; al día siguiente, salió temprano y regresó a media mañana para darle el almuerzo.

Él le contó que hacía una noche, un muerto había entrado y le había susurrado en la nuca que pasando el camino viejo -yendo al camposanto- había un nopal a lado de unas grandes rocas; debería escarbar un poco entre sus raíces y con solo mover una piedra laja, hallaría una gran olla llena de monedas de oro que al ser sacado, descansaría en paz y el muchacho y su madre serían ricos.

– ¡Anda muchacho indino, mejor levántate, que el dinero se halla solo trabajando y nunca lo vas a tener si no haces nada por obtenerlo! – gritó.

– ¡Mujer de poca fe! Sí el muerto me dijo que ese dinero es nuestro, hallará la forma de que llegue a nuestras manos sin algún esfuerzo – contestó el muchacho.

La mamá se fue luego de darle el almuerzo al hijo que estaba casi en cuero y huesos porque hasta para alimentarse tenía flojera. Le resultaba cansado llevar su mano al plato y de ahí a la boca y prefería pasar hambres, por lo que más de una vez, su madre debió darle en la boca para que no muriera por eso.

La casa donde había vivido Cleto, el destripado, estaba a la orilla del pueblo y esa calle daba al camino por donde pasaban a diario dos del rancho a media mañana. Eran dos señores ambiciosos que de vez en cuando le gritaban alguna broma al flojo.

Ese día no lo hicieron pero sí escucharon la plática de Lugardo y su madre, y ambiciosos como eran, no dudaron en decidir que esa noche irían a buscar la olla de dinero y así lo hicieron.

La noche era tranquila y clara porque la luna estaba siendo luna llena, como si las cosas estubieran así para encontrar lo que buscaban.

Llegaron al lugar y encendiero dos aparatos de petroleo, luego de husmear en busca de posibles intrusos pasando noche por el camino, para tener la certeza de que nadie los viera.

El nopal era viejo, y sus raíces fuertes se metían etre dos enormes rocas; con solo mover la tierra con la mano encontraron la piedra laja que al levantarse, dejo asombrados a los dos amigos.

– ¡Es mierda! Gritó uno de ellos tapando su nariz con el pañuelo para soportar la pestilencia.

– ¡Bien nos la hizo este canijo¡ parece que la broma que nos jugó fue en venganza de lo que le gritamos a diario – contestó el otro.

Molestos y maldiciendo, decidieron vengarse del holgazán y cargaron la enorme olla a la mula que habían llevado para llevarse el tesoro; al llegar a la casa del flojo, aventaron los deshechos a las paredes de la vieja casa de adobe, y entre risas y burlas por lo que acababan de hacer, se perdieron en la calle rumbo a sus casas con la mula ya sin carga.

A la mañana siguiente cuando el sol iba a salir, la esposa de Cleto, el destripado, vio con asombro que su casa estaba inundada en monedas de oro que resplandecían con las primeras horas de la mañana y solo atinó decir: ¡no cabe duda que este indino tenía razón cuando dijo que si el dinero es nuestro, el muerto vería la forma de ver como lo traería a nuestras manos.》

CORTIJO NUEVO Y SUS MITOS: LOS ALICANTES, SERPIENTES QUE SE ALIMENTABAN DE LECHE.

Decían las señoras de mi niñez que cuando a una mujer que estaba dando pecho se le veía enfermiza, somnolienta y con ojeras, era seguro que estaba amamantando a un alicante; eso yo lo creía como si fuera verdad y provocaba en mi un miedo difícil de poder explicar.

《Los alicantes son culebras mañosas a las que les encanta la leche, y la disfrutan tanto, que es como si un hombre estuviera en la noche con su mujer cumpliendo con sus deberes de esposo. Cuando no hay en el pueblo una mujer amamantando, se pegan a las ubres de una vaca a la que miran fijamente hasta hacerla dormir, así la mantiene quieta mientras ellas se beben la leche; al día siguiente, esa vaca no es buena para la ordeña.

Los niños son los que llevan la peor parte, porque mientras la culebra chupa los pechos rebosantes de la mujer que duerme en el día sin darse cuenta de su presencia, esta culebra mete la cola en la boca del pequeño que por la noche no para en llanto por el hambre del ayuno de todo el día; a la larga, el niño crece flaco y huraño, como si su cuerpo se negara a llevar la vida normal de un chico de su edad. La boca se ve enrojecida y agrietada por la irritación que le provoca la cola del animal.

Son culebras que hallas en el mogote entre las capitanejas, a veces, tirados en una vereda tomando el sol; los hallas también en los ecuaros, entre las matas de maíz. Cuando los atacas y los haces enojar, se paran de cola y emiten horribles bufidos corriendo tras de ti con la velocidad de un caballo que corre asustado, y aunque le des con un machete intentando cortarla, cada machetazo rebota en su cuerpo porque se infla y eso impide ser dañada》.

Cuando era niño, los vi infinidad de veces y aunque el temor me hizo correr despavorido más de una ocasión, nunca fui perseguido por alguno de ellos; posiblemente porque nunca los hice enojar y esa es la razón por la que ahora cuento esta creencia de las personas cuando era pequeño.

Dicen que no pican, pero se enredan en el cuello hasta ahorcarte.

LUGARES DE MIEDO.

Nuestro pueblo es rico en lugares de leyenda y de historias de miedo, y tal pareciera que cada lugar tiene mucho que contarnos y es entendible, tomando en cuenta la infinitud de circunstancias acaecidas a través de tantos años de historia.

La puerta, que está a la orilla del camino a la Manga y que da paso para ir al Chupire o a la Alberca, era distinta a como es ahora; por los años setenta y ochenta era de madera gruesa y resistente que sin embargo, el paso de los años terminó por apolillar y tuvo qué cambiarse.

Desde entonces, se contaban cosas de miedo y realmente, había que dominarlo al pasar por ahí de forma inevitable, sea porque por ese entonces, el camino de la Manga era un camino perdido e imposible de transitar, o porque para venir de la pata del Diablo o del Chupire con los caballos cargados de maíz o janamargo, no podía evadirse porque no había otra ruta.

Para ir a pie a la ciénega o a 《lo de Humedad》, se subía por una vereda que corría al lado norte de la cerca del viejo camino y se seguía por lo más alto de la Manga para bajar luego a 《lo de los Mejía》, donde se miraba a doña Chuchita arreando su ganado y su casa de ermitaña; se continuaba luego hasta la ciénega, pasando a un lado del lugar donde fue hallada bajo tierra, aquella pareja desafortunada. Ese viejo camino perdido es tan antiguo como antigua fue la hacienda de San Juan de la Vega y su molino, y luego, camino de nuestra hacienda del Cortijo que comunicaba con San Cristóbal, Cofradía y Tiríndaro, dando así el contexto perfecto para los cuentos de miedo.

Se cuenta que fue recorrido por infinidad de bandidos perseguidos por la acordada y que en esa huída, escondían su botín a la orilla para seguir a galope pero ya sin la carga y la prueba de sus fechorías que quedaba oculto por siempre al no regresar jamás el dueño.

Se habla de un tesoro oculto a la orilla de ese viejo camino -unos cien metros subiendo la primer curva después de la puerta- como la causa que explica el porqué de un mal presentimiento que a veces se siente cuando uno camina por ahí: los abuelos decían que espantaban y hay todavía gente que lo afirma.

Los sitios donde se espanta por ese rumbo son muchos, tal vez en cualquier lugar, y se habla del charro de la Manga y del toro negro de la Puerta, entre muchas otras leyendas como la de la Mora.

Hoy solo se escribe de un contexto y lugar de escena donde se desarrollan relatos de miedo que esperan ser contados en un mejor momento, en un tiempo cundo te encuentres preparado para escuchar esas historias alrededor de una mesa en una noche lluviosa y con poca luz, acompañado de los seres que esperan ansiosos tus miedos, como si de ellos se alimentaran para no perderse en la nada del olvido del tiempo infinito.

CORTIJO NUEVO Y SUS LEYENDAS; EL CHARRO DE LOS JACALES Y SU TESORO.

Se habla de un charro que espantaba en un lugar cercano a los Jacales; tal vez no lo hace ya, porque alguien fue valiente y le hizo del cabal al aceptar lo que era la causa de la aparición de esa alma en pena.

《Contaban los abuelos que cuando la gente vivía en aquel lugar, había una curva que salía rumbo a otro rancho, tal vez el Cortijo Viejo, o tal vez a San Cristóbal, al que se iba por las compuertas para agarrar por el rumbo de laManga, o posiblemente, siguiendo una ruta mas plana y tal vez mas corta: “la Pata del Diablo”.

Algunos dicen que el lugar es el de la curva que está pasando el vallado de la salida hacia el Cortijo, que por aquel entonces, era una gran corriente de agua que se continuaba hasta Tarejero.

Hubo un alma en pena que tenía que deshacerse de una gran olla de barro repleta de monedas de oro para poder descansar en paz, producto de robos violentos y crueles y el asalto de templos en el que llegó a haber degüello de sacerdotes y feligreses a los que acudía por las noches para facilitar la huída perdiéndose entre la obscuridad de las noches.

Seguramente que el escerario de tales atracos era en tiempos virreinales, a juzgar por la vestimenta de chinaco con que se aparecía a quienes se atrevían a salir por las noches. Se le veía esbozado en una amplia capa, a veces montando en un caballo negro que corría desbocado entre lamentos y sollozos de aquel ginete; algunas veces se seguía de largo y otras descendía del corcel ofreciendo desesperado el tesoro para encontrar la paz de su alma; otras veces, llegaba silencioso detrás tuyo, posando su huesuda mano sobre tu hombro mientras te susurraba al oído donde estaba enterrado el botín de sus robos sangrientos》.

Parece que ya no sale, o tal vez se ha hecho más selectivo y no a cualquiera se aparece para no cargar una muerte más a su conciencia – como sea, es preferible que si pasas por ahí, te armes de valor y decidas si aceptas o no el tesoro maldito del charro de los Jacales.

HAYA HÉCTOR REYNOSO EMPEDRADO QUE MUETRA ACTIVIDAD HUMANA EN LA MANGA Y HOY ACUDIMOS PARA REALUZAR INSPECCIÓN OCULAR.

En un hecho sin precedentes, Héctor Reynoso halla, extraordinaria piso empedrado que da muestras de actividas prehispánica.

Ante ello, Nitto Navarrete acudió con él al lugar la semana pasada y el día de hoy, nuestro equipo completo acudió para hacer una inspección ocular del lugar.

Se trata de un nuevo sitio arqueológico no inventariado que consta de un empedrado circular de 5.5 metros de radio, con periferia formada por piedras lajas puestas de canto y otras menores que parten de ella a su centro para formar una figura geométrica en forma de flor.

Al norte de este empedrado se encuentra una formación rocosa, al parecer, en medio círculo, con su lado cóncavo abierto hacia el sur, dividido en su centro por una divición rocosa.

Al poniente del empedrado, un cúmulo rocoso más y al sur otro de menor importacia.

Creemos que corresponde al mismo periodo de poblamiento de las yácatas de la cruz y las calaveras.

Nuestro reconocomiento a Héctor Reynoso por cada hallazgo y por su empeño en la búsqueda de vestigios de los primeros pobladores de nuestra tierra.

Escribimos Nuestra Historia.